Todo por los votos

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Carlos Pacheco y Gutavo Onorato presentaron su libro Todo por los votos (Ediciones B), no sin antes hablar con la Revista Martes. Conversamos con Pacheco sobre la democracia uruguaya, la historia de las elecciones y la incidencia de la publicidad electoral en los resultados.

Se trata de un libro que puede disfrutar alguien que no conoce la política uruguaya, pero también alguien que sí la conoce.

Hay algo de eso, como un relato de la historia reciente uruguaya que para los que lo vivieron de repente hay un detalle nuevo y para los que no lo vivieron y lo quieren conocer está resumida la historia política de los últimos 30 años.  

¿La publicidad electoral suma o resta a la democracia?

 Una campaña publicitaria, siempre que esté hecha de manera honesta suma a la democracia. La campaña en sí mismo son como los cinco minutos finales de un partido de fútbol, después de mucho tiempo posicionándose, perfilándose en función de cada estrategia, llega un momento en que hay que cerrar todo eso. La campaña tiene valor porque opera como una especie de resumen de lo que cada uno ha venido proponiendo a lo largo del tiempo. Sí reflexionamos sobre cuánto pueden llegar a incidir una campaña en torcer las elecciones. Cuando una elección tiene una tendencia muy marcada, como la mayoría de las elecciones en Uruguay, una campaña puede amortiguar un poco pero no torcer la situación.

 «Una campaña publicitaria, siempre que esté hecha de manera honesta suma a la democracia»

Muchos publicistas coinciden en que la campaña trabaja con la realidad, que difícilmente puede transformar a un candidato para que parezca lo que no es

De eso hablamos mucho en el libro, como buenas prácticas de comunicación política. Botinelli nos dice los políticos nunca mienten, porque más tarde o más temprano terminan mostrando quiénes son. La política es un ámbito de mucha presión, hay en algún momento en el cual si algún candidato está actuando un personaje, hay algún momento en que la presión, el cansancio, hace que se le escape quién es realmente. Mejor mostrarlo desde el principio cómo es, aunque tengan defectos.

Lo otro es que la gente sabe lo que vota, no se la manipula o se la lleva de las narices con jugarretas publicitarias. Después están los casos en que las elecciones son parejas y ahí cualquier cosita que sume medio punto o un punto puede ser decisiva en la elección y la publicidad eso sí lo puede hacer.

Después están las listas al Senado y ahí sí observamos que una buena campaña puede variar, ese es el ejemplo de la campaña de La Paradoja que le reportó a Democracia Avanzada (PCU) la mitad de la votación del Frente Amplio. El gran resultado fue hacia la interna del Frente.

«La gente sabe lo que vota, no se la manipula o se la lleva de las narices con jugarretas publicitarias»

En momentos en que caía el muro de Berlín

Fue como un momento de congelamiento dentro del PCU, donde todavía la crisis no había explotado. Varios de los que estuvieron en esa campaña se fueron del partido, producto del derrumbe de la URSS

¿Qué pasa con el país del Partido fuerte, ante fenómenos como los de Juan Sartori o Manini Ríos?

Lo que todos los analistas nos señalaron es que es un sistema de partidos muy estable. Dos partidos tienen casi 190 años y el otro tiene 49, eso ocurre en muy pocos países. Se observa que la gente es de ciertos partidos, se estima que más o menos un 70% de los uruguayos ya sabían a quién iba a votar antes de las elecciones internas. Con respecto al fenómeno Sartori, justo cuando nosotros estamos cerrando el libro emerge el fenómeno Sartori. Si hubiese logrado el objetivo que tenía, los conceptos del libro hubieran quedado muy cuestionados. Él logra un éxito relativo. Volvemos al mismo concepto del principio. En las grandes tendencias, una campaña publicitaria por más agresiva que sea no genera un cambio drástico. El cambio se generó en el segundo nivel.

«Se estima que más o menos un 70% de los uruguayos ya sabían a quién iba a votar antes de las elecciones internas»

También había poca claridad en quién ocupaba ese lugar a la interna del Partido Nacional

La figura de Larrañaga estaba en problemas, y además se enoja con el fenómeno Sartori y en vez de sostener una estrategia se enoja contra la estrategia del otro, muy diferente a lo que hizo Lacalle que sigue manteniendo su estrategia, no se enoja, no ataca, se mantiene distantes y al final termina siendo el gran ganador.    

«Larrañaga estaba en problemas, y además se enoja con el fenómeno Sartori y en vez de sostener una estrategia se enoja contra la estrategia del otro»

¿Manini puede considerarse un outsider?

Sí, no es un hombre que viene de la política. Hay que ver los resultados y cuánto pesa. Parecería que entra en cuarto lugar lo que ya ha ocurrido en el Uruguay, con Hugo Batalla en el Nuevo Espacio en 1989, que sacó el 9%. Lo que reúne Manini Ríos es que es una derecha clásica muy limpia, con el mensaje bien claro y también una cosa que en Uruguay a veces hay como una confusión que es pensar que en Uruguay la derecha es poca gente y no es así. No es la ideología predominante, pero es grande. En los demás partidos están tratando de correrse al centro, la gente que tiene un pensamiento de derecha, de orden, mano dura, valores clásicos de familia, de trabajo. El propio Manini se diferencia de la otra derecha, que es la derecha neoliberal, él pertenece a esa derecha más nacionalista, de valores, de recuperar el orden. El que piensa así tiene al candidato más claro para votar, antes no había un candidato así entonces escogía entre Bordaberry o Lacalle Pou que tenía algún sector que defendía ese tipo de posiciones.

«Hay como una confusión que es pensar que en Uruguay la derecha es poca gente y no es así»

Uno piensa por ejemplo en el porcentaje que votó el Sí en 1980

Fue un 45%, era un contexto de miedo, pero también dentro de ese porcentaje había gente que estaba a favor de la dictadura.  

Recordemos que lo que decían los militares era que votando sí, se irían.  

Claro, hubo gente que pensó que era una salida, pero también había gente que pensaba que le garantizaba militares de por vida. Hay varias experiencias. Bordaberry era una derecha bien pura, el pachequismo en las elecciones de 1989 sacó 200 mil votos. Hay momentos en los cuales esos votantes encuentran un candidato y son muchos. Creo que viene por ahí.

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