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“Estamos viendo lo que ocurre”

“Tenemos que ser más agudos en no tragarnos ese discurso eurocéntrico de la posmodernidad”, afirmó la poeta chilena Rosa del Pilar entrevistada por Martes. Rosa del Pilar es periodista y poeta. Trabaja en la Universidad de Playa Ancha, en la ciudad chilena de Valparaíso. Estudió periodismo en Ecuador, donde vivió diez años y se graduó como master en Literatura en Chile. En entrevista con Martes nos cuenta qué son las crónicas poéticas, en las que mezcla voces periodísticas y literarias en busca de escribir sobre lo que no se escribe. El poema “Niño con ocho balas en el cuerpo” forma parte del libro Electroshock.

Por Pablo Brando Blixen

¿Cómo surgió la idea de hacer crónicas-poéticas?

Es necesario plantearse desde donde escribe uno, uno no es esclavo de una fórmula. En el caso de las crónicas poéticas hay un desarrollo que parte de una convicción que nos impele en nuestro país y que creo que afecta a la escritura de América Latina, que tiene sus raíces en la relación que existe entre los poetas y el periodismo.
Ahí hay unos indicios en el tiempo de Rubén Darío donde asume en su poesía modernista alguna de las características que impone el mercado periodístico en el sentido de la novedad, que afectará las sensaciones. Y eso en realidad teniendo presente que Ruben Darío trabajó como periodista para ganarse la vida. Él tuvo muchas críticas al respecto, por esta relación señalada por algunos como espuria. Para mí ahí están algunos antecedentes.

Nicanor Parra, reclama en Manifiesto que el poeta debe bajar del olimpo a la calle; de la poesía de salón, a la poesía de la plaza pública y eso marcó un punto de inflexión en la poesía. Por lo menos en mi caso, genera inquietudes, que la poesía pueda ser escuchada y compartida, que la poesía deje de ser ese planteamiento abstracto que convertía a los poetas en dioses.

Que la poesía baje a las calles significa que tenemos que hacernos cargo de lo que ocurre en esta realidad. Nos ha tocado vivir una vida de atropellos, la poesía tiene algo que decir.

¿Cómo es el trabajo de amalgamar el discurso y los ritmos de la poesía con la crónica periodística?

Uno trata de guardar en ese sentido el control de las palabras que no se te escapen, son como nuestros ladrillos pero así mismo cuando incorporamos ciertas frases o testimonios entrecomillados de diarios o personas y que pareciera más violento y más brutal, es lo que estamos viviendo. Y este bajar de lo abstracto a lo concreto tiene que ver con el concepto de verdad, o el propio concepto de mujer, ¿qué es lo que es? ¿qué significa?

Es el trabajo con la palabra y que son nuestros ladrillos de nuestros textos y que no tienen que escaparse. Si bien recoge aquí que te nace, te ocurre y da vueltas en la cabeza y también existe un trabajo de pulimento y me parece interesante que tengamos y que haya importancia en el trabajo técnico, que tengamos el control de nuestras palabras y que la poesía no se transforme en un vómito existencial, ni un vómito panfletario, ni un vómito de todo lo que tengo sin prejuicio de que yo tampoco voy a criticarlo y cada unos sabe lo que hace. A mí me resulta especialmente importante jugar entre la poesía, la construcción de este poema-crónica con el periodismo pero pensando en que no se me escape o dándole un cierto pulimento que signifique no renunciar a la poesía. A esta creación que tiene que ver en este caso con la rabia o con lo que ocurre alrededor, con lo que siento y no perder eso para mí es importante siempre y cuando no haya exceso de verborrea. Yo me pregunto cuál es la manera poética, que en mi caso va de la mano del oficio.

Tengo un ojo clínico para distinguir lo que suena mal o que pierde la fluencia y no puedo explicar, solo lo veo, lo escucho y lo siento. Se me hace difícil esa pregunta fíjate, la entiendo y yo tengo un trabajo muy riguroso al respecto pero ahí está el resultado. Ahora otros van a tener que calificar o descalificar si no he perdido realmente eso que llamamos poesía y qué es eso que llamamos poesía, y aquí pienso en un poema de Jose Emilio Pacheco que se llama disertación sobre la consonancia.

Estamos frente a un gran desafío que exige que le demos vuelta a lo que estamos escribiendo, si nos remitimos a los artefactos de Nicanor Parra ¿es poesía esto? Cuando se dice:

– Aló ¿con la Casa de la Cultura?
– Sí, concha tu madre.

La revolución esta con la palabra, los románticos rompieron con los clásicos y aumentaron el bagaje de palabras y así en forma sucesiva. Las palabras de la tribu, palabras especiales, palabras que se las ha llamado poéticas ¿por qué esa palabra es poética y la otra no? Ese es el problema. Si estamos en la calle tenemos que recoger las voces de la gente y como se ha señalado muchas veces en esos periódicos sensacionalistas la gente se encuentra porque ellos viven. Hay investigaciones al respecto –desde la corriente de Jesús Martín Barbero que señala que cambiemos el eje de nuestra mirada, desde una mirada iluminista racional al eje más dramático que significa, por ejemplo que la gente que vive su drama personal, diario, lo ve en esos periódicos llamados sensacionalistas, sensación, que es un elemento que incorpora el periodismo desde el ascenso de la burguesía y el liberalismo en el mundo. Tenemos que cambiar el punto de vista. Es una pregunta que yo también me la hago, no sé si la respondí.

¿Qué rol puede jugar la poesía en favor del ser humano?

Esto nos lleva a separar aspectos, en lo que respecta a la posmodernidad. Los escritores y la poesía recogen ciertas expresiones artísticas que ofrece esta nueva fase en la sociedad, que no ha superado la modernidad ni mucho menos pero que cambia algunos paradigmas. Ahí en esa discusión del arte por el arte, la alta cultura, la baja cultura, encontramos la posibilidad de romper los cánones de lo que es la poesía moderna. A su vez, este anhelo de hacer más masivo también la literatura, también nos diferencia del posmodernismo llevado a ultranza, del aquí no nos interesa nada, el relativismo extremo. Creo que en ese sentido, yo no me matriculo en esa línea, que es la que se matricula Nicanor Parra en algunos de sus escritos. Creo que tenemos que comprometernos con lo que ocurre en nuestros países.

Yo estoy mirando y reacciono con indignación a lo que veo, tenemos que subir a la superficie a aquellos que ven pero esconden, en un sistema donde se dice que tenemos que ser positivos, que tenemos que ver el medio vaso lleno. Esto ha sido una fórmula ampliamente difundida en Chile, en donde se trata de ocultar el dolor bajo la alfombra. Ese excesivo relativismo puede llevarnos a eso.
Estamos dentro de una sociedad no nos podemos mantener al margen. Hay otros poetas que se orientan al cotidiano nuestro, lo tenemos que ver, pero tenemos la necesidad de no quedarnos al margen de la época en la que vivimos, tenemos algo que decir, no es denuncia ni panfleto, estamos viendo lo que ocurre.

Tenemos que ser más agudos en no tragarnos ese discurso eurocéntrico de la posmodernidad como si fuera un plato completo que tenemos que asumir, en eso yo no me inscribo.

¿Cuál es el objetivo o sentido de esas crónicas?

El sentido es dar voz a aquellas voces amordazadas, que no escuchamos. Si nos ponemos a analizar el poema niño con ocho balas en el cuerpo, ahí hay tres personajes, el niño que quedó inválido con ocho balas en el cuerpo, un joven de 16 años en un barrio absolutamente estigmatizado en nuestro país, donde la dictadura dejó carta abierta a la introducción de la droga, y donde hay pandillas. Este joven que es el protagonista, un joven de pandillas acusado de una muerte, con una bala que hizo un giro espectacular y mató a un sindicalista. Investigaciones y el Gobierno no encuentran nada mejor que echarle la culpa a este niño. Y el sindicalista asesinado, lo uno con otro personaje que ha fundado un verdadero imperio económico acá en Chile. Del empresario habla la prensa nacional, el sindicalista también tiene sus redes informativas a través de los partidos de izquierda, pero ¿Quién habla del niño que ha sido calificado como integrante de una banda y posible delincuente? ¿Qué nos está mostrando este niño? Yo hablo de eso, no hablo del sindicalista, y hago mi alocución en contra de ese empresario que se limpia el alma a través de la Teletón.
Escribir sobre aquello que no se escribe y darle la relevancia y la majestad que significa tenerlo en un libro de poemas crónicos.

En el tintero

Algo que se me ha quedado en el tintero es que tenemos que superar ese pensamiento colonial que nos ha quedado como legado eurocéntrico, en donde creemos que el blanco y todo lo que ha creado el blanco es lo mejor y todas estas instituciones blancas que significan que ellos son los que saben y están por encima de todo lo demás. En ese blanqueamiento cultural, el blanco está primero, después viene los indios y después vienen los negros. Nosotros como latinoamericanos, nuestros intelectuales y nuestros poetas empezando por Ruben Darío, copiaron esos modelos europeos y tenemos que estar en ese sentido produciendo un cambio desde latinoamerica buscando ese lenguaje que nos representa a nosotros y a nosotras, desde el pensamiento feminista es posible reflexionar.

Estuve en la jornada de debate feminista que se hizo en Uruguay convocado desde las organizaciones sociales, me pareció interesante esa necesaria articulación de la academia- que ha sido reproductora del pensamiento eurocéntrico puede escuchar a sus organizaciones. La sociedad civil está en búsqueda y está reclamando porque no hay preocupación por el ser humano, hay preocupación por la economía, por cómo funcionan los índices. Es una responsabilidad nuestra volver a mirar a grandes intelectuales como Enrique Dussel, Anibal Quijano, Walter Mignolo, García Canclini, es importante darles una vuelta volver a mirar y recrear.

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